miércoles, 19 de octubre de 2011

Otoño encantado.



Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros,
y tú, flotante en mi desnudez.
Alzaré los brazos y sostendré tu aire,
podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos,
navegaremos juntos, tú serás mi vela
y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Mis manos sobre tus manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la hierba de mis cabellos.
Mis labios, pincel de tu piel
 rozando tu pecho.


Sobre un poema de Carmen Conde.


6 comentarios:

Valaf dijo...

És una meravella, nena. Una autèntica meravella...T'estimo!

Mar dijo...

Me encanta la imagen que has puesto. Es preciosa. Es que los tonos amarillos, dorados gustan cantidad.


Bss.

Antony Sampayo dijo...

Veo que la musa es de familia, Mary, un matrimonio poeta, felicidades.

Besos.

laindefensiónaprendida dijo...

Un hermosísimo poema de amor Mari.
La musa, que anda por ahí suelta, intentando tocar con su estela mágica a todos (bueno no, a los enamorados un poco más)... a todos, digo, aunque nos resistamos.

David C. dijo...

wow que bonito.

María dijo...

Mari me encantan estos versos desnudos que alzan vuelos y acarician las manos, los ojos, los labios... y la imagen es bellísima.

Un beso, Mari.